LA IMPORTANCIA DE MOSTRAR AMOR CUANDO DESAPROBAMOS UNA CONDUCTA

Sin nos planteamos cómo solemos mostrar desaprobación a nuestros niños o nos planteamos cómo nos la mostraron nuestros educadores cuando nosotros éramos pequeños, nos encontraremos con una serie de acciones. Castigos, caras de enfado, algún cachete o un “No, no, no;  no me des besitos hasta que arregles tu cuarto”. Yo recuerdo que mi madre decía: “obras son amores y no buenas razones”. Podría ser que detrás de la cara de enfado, el castigo, el cachete o de alguna de esas frases podamos interpretar, no sólo que no aprueban nuestra conducta, sino que no nos quieren. Obviamente ése no es el hecho, pero la manera en que entregamos la desaprobación o nos la entregaron nuestros padres, pueda llevar a la persona desaprobada a interpretar que no lo quieren. De esta manera grabamos una asociación en nuestra mente: amor = aprobación.

Así puedes llegar a tener 20, 30, 50 ó 70 años y decidir cambiarte el color del tinte de tu cabello. Te acercas a tu pareja y le preguntas: “Cariño, ¿te gusta mi color de pelo?” Y tú pareja, respondiendo a tu pregunta responde: “No  mucho”… algunas interpretaciones se activan en tu mente bajo el paradigma amor = aprobación y comienzas a desarrollar la creencia de que tu pareja ya no está enamorado de ti. Eliges no abordar ese asunto directamente con él por no levantar la liebre, así es que eliges esperar a la hora de comer. Estáis los dos alrededor de la mesa y le dices: “cariño… uhm… esto… ¿el color de pelo de tu compañera de trabajo te gusta?” Tu pareja, vuelve a responder a tu pregunta y te dice: “Pues sí que me gusta”… Esta frase acaba afianzando tu creencia y abriendo otra nueva en ti: ¡está liado con su compañera de trabajo! Comienzas entonces una cruzada en busca de evidencias de que llevas razón… Y si quieres encontrar evidencias de algo, ¿puedes encontrarlas?… ¡Toda la del mundo!… ¡Y acabas divorciada por tu color de pelo!

¿Cómo sería que la historia fuera de la siguiente manera?:

-¿Cariño, te gusta mi color de pelo?

-No mucho

-Ah, ¿no? Pues a mí sí. ¿Nos vamos al cine?

-¡Claro! ¿Qué película vemos?…

Para que la historia pueda ser así de sencilla requeriremos distinguir amor de aprobación y estar muy alertas al paradigma automático y los sentimientos que despierta y que, de esa manera, nos mantengamos con las riendas de nuestra vida en nuestras manos. No hay persona en el mundo que le guste todo de ti: ¡asúmelo cuanto antes! Pero seguramente hay muchas disponibles para amarte.

Para que los que hoy son nuestros niños lleguen a ser adultos sanos emocionalmente, y se eviten situaciones tan absurdas como la descrita, podemos hacer algo tan sencillo como mostrar amor cuando mostramos desaprobación. Ellos necesitan saber qué apruebas de ellos y qué no, y también saber que los amas incondicionalmente. Puedes señalar las conductas que no apruebas y hacerlo con empatía, con templanza emocional y con cariño.

Alberto Ortega Inteligencia Emocional Aleteo 5

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