La Inteligencia Emocional como catalizador del éxito

 

 

Probablemente una acepción menos conocida de ‘Inteligencia Emocional’, a menos a pie de calle, es la que aportó Daniel Goleman en 1995, quien destacaba la relevancia de ella por encima del CI (Cociente Intelectual, resultado de un test de inteligencia), para alcanzar el éxito tanto profesional como personal.

Puede ser que si miramos a nuestro alrededor conozcamos personas que podemos advertir tienen un CI alto y, sin embargo, viven una vida con escasos resultados favorables, en muchos casos caótica y desestructurada. Por otro lado es probable que también podamos encontrar personas que intuyamos no son muy inteligentes intelectualmente y, sin embargo, tienen una vida satisfactoria de éxito tanto profesional como personal.

Es fácil concluir, por tanto, que no es el Cociente Intelectual lo que lleva a una persona a tener éxito, sino una serie de competencias no intelectuales, por tanto emocionales. Debemos advertir la importancia de conocer el origen de este término ‘Inteligencia Emocional’, que se tomó para distinguirlo de ‘Inteligencia Intelectual’, ya que sólo algunas de las competencias emocionales tienen relación directa con la emoción y la gestión emocional. Nosotros vamos a definir por tanto la ‘Inteligencia Emocional’ como el conjunto de competencias emocionales (frente a intelectuales) que llevan a una persona a alcanzar el éxito.

Es aquí, al nombrar la palabra ‘éxito’, donde debemos hacer una parada. ¿Qué entendemos por ‘éxito’?  En algunas ocasiones, al menos esa es mi experiencia como coach, la palabra va acompañada de una serie de connotaciones que pueden distorsionar el verdadero significado de ‘éxito’. Hay personas que asocian el término a un concepto de éxito estandarizado, es decir, consideran que el concepto engloba lo que ellos entienden que es éxito social y, al escuchar este término, puede acabar derivando en sus mentes la imagen de una familia sonriente en una casa grande y lujosa con un automóvil deportivo en su garaje. Asimismo, este pensamiento acabará produciendo un sentimiento de rechazo (asco) al término ‘éxito’ si algunos de estos resultados no son coherentes con los valores adquiridos con la experiencia vital. Nuestra percepción, en este caso del concepto ‘éxito’, viene condicionada por nuestro sistema de pensamientos, creencias y valores (paradigma) y nuestros resultados serán en todo momento coherentes con ese sistema inconsciente.

Podría darse el caso, por tanto, que personas en un paradigma cultural orientado más a la disertación que a la acción, a la voluntad que al resultado, como podría resultar el español frente a otros como el americano, estén condenadas a no conseguir sus logros por el lugar que ocupa el concepto en su estructura mental. Esta maldición puede romperse si están abiertas a soltar, a abrirse a otros paradigmas más efectivos y rediseñar el sistema de pensamientos y valores.

Mi propuesta es que empecemos a ser conscientes de cuál es nuestro sistema de creencias y valores para poder ir abriendo la posibilidad de elegir fuera del paradigma automático y, por lo tanto, pido que entendamos ‘éxito’ tal y como lo define la R.A.E.: ‘Resultado feliz de un negocio, actuación, etc.’

Éxito es el destino… Inteligencia Emocional, el vehículo.

Alberto Ortega

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2 Comments

  1. Estimado Alberto,

    Soy maestra en un colegio público del Sur de Cádiz y estoy muy interesada en la implantación de la enseñanza de la inteligencia emocional en la escuela. Si me lo permites, me gustaría hacerte unas preguntas al respecto. Me podrías escribir un email?

    Un saludo

    Ana

    • Claro Ana! Te paso también mi teléfono. Un abrazo

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